miércoles, 29 de abril de 2026

Almería, el "patito feo" de Andalucía

 Siempre había oído que la ciudad de Almería no tenía mucho para ver, pero, aun sin ser comparable a alguna de sus hermanas, como Granada o Sevilla, guarda cierto encanto. Pero vayamos por partes.

Este viaje a Almería no fue del tirón, porque decidimos hacerlo con calma y aprovechar para descubrir sitios por el camino. La primera parada fue en Xàtiva, donde hicimos noche antes de seguir bajando.

Xàtiva es una ciudad bonita, muy marcada por su historia y con ese aire tranquilo que apetece para una parada. Su castillo es lo más famoso, pero tuvimos mala suerte porque era lunes… y los lunes no abre. Aun así, no nos quedamos con las ganas del todo: subimos a medio camino y encontramos un mirador desde donde hay unas vistas muy chulas tanto del castillo como de toda la ciudad. La verdad es que merece la pena aunque no llegues arriba.

Llegada a Almería

Ya en Almería, nos encontramos una ciudad con bastante ambiente, sobre todo porque coincidimos con Semana Santa. Había procesiones, gente en la calle y bastante movimiento, lo que siempre le da un plus al viaje.



Entre lo más destacado que vimos:

  • La Catedral de Almería, que es bastante curiosa porque parece más una fortaleza que una catedral.

  • El Cable Inglés, una estructura metálica junto al mar con bastante rollo industrial, aunque hoy en día se conserva con fines turísticos.


  • La Rambla, ideal para pasear tranquilamente, con sus fuentes y "mini parques".


  • La Alcazaba de Almería, que además es gratis. Es enorme y tiene unas vistas brutales de la ciudad y del puerto.


  • Y también varias iglesias bonitas repartidas por el centro, que fuimos encontrando casi sin buscarlas.

Cabo de Gata: playas espectaculares

Uno de los platos fuertes del viaje fue recorrer el Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar. Cada playa tiene su personalidad, pero todas comparten ese aire salvaje y natural, difícil de encontrar por España.

  • Playa de Mónsul: probablemente la más famosa. Arena volcánica, roca en medio… muy fotogénica.



  • Playa de los Genoveses: más amplia y tranquila, perfecta para pasear.
  • El Playazo de Rodalquilar: con un castillo al lado que le da un toque especial.
  • Isleta del Moro: pequeñito, con mucho encanto y muy auténtico.



  • Las Negras: más animado, con bares y ambiente relajado.

También pasamos por Rodalquilar, un antiguo pueblo minero , y visitamos su jardín botánico, que está bastante bien para dar un paseo diferente entre tanta playa.

Otros pueblos y visitas

Después fuimos a Níjar, un pueblo típico andaluz con calles blancas, cuestas y bastante artesanía local. Muy agradable para dar una vuelta sin prisas.



Otro día tocó plan distinto: visita a Fort Bravo, un poblado del oeste en pleno desierto de Tabernas. Es bastante curioso, como meterte en una peli de vaqueros (de hecho tuve un papel secundario,ya que cogen a una persona del público como parte de la trama de uno de sus espectáculos e interactúan con él). Con la entrada tienes incluidos dos funciones (muy entretenidas) y un paseo en carro, lo cual le da bastante gracia a la visita.



También nos acercamos a Berja. Es un pueblo bonito, pero sinceramente, bajo mi punto de vista, no compensa del todo porque implica hacer bastantes kilómetros para lo poco que hay que ver.



Eso sí, el trayecto de vuelta hacia Almería fue curioso porque pasamos por el llamado “mar de plástico”, una extensión enorme de invernaderos que no deja indiferente.

Última parada: Bocairent

De vuelta a casa hicimos noche en Bocairent, un pueblo pintoresco, con calles estrechas, casas encajadas en la roca y un aire muy especial. Además, coincidimos con un mercado modernista, así que había aún más ambiente de lo normal.


Bonus runner 

Como no podía ser de otra manera, también hubo tiempo para salir a correr:

  • En Xàtiva madrugué bastante, pero al final acabé dando vueltas por un polígono industrial… no fue la ruta más épica del viaje.
  • En Almería, en cambio, mucho mejor: correr por el paseo marítimo al amanecer es otro nivel. Mucho más bonito y agradable.

En resumen, un viaje muy completo: ciudad, historia, playas espectaculares y algún que otro plan diferente. De esos que te dejan con ganas de repetir.

sábado, 21 de marzo de 2026

Nápoles: caos, pizzas y Maradona

 A veces los viajes empiezan con un poco de emoción… aunque no siempre de la buena. Nuestro viaje a Nápoles comenzó con alerta por viento en el aeropuerto y durante un rato parecía que el avión no iba a despegar. Al final salimos, pero los primeros minutos fueron moviditos: bastantes turbulencias y alguna mirada nerviosa entre los pasajeros. Por suerte, después de ese inicio algo intenso, el resto del viaje fue mucho más tranquilo.

Y al aterrizar… bienvenida a Nápoles.

La primera impresión de la ciudad puede ser un poco chocante. Es caótica, ruidosa, con motos pasando por todos lados y, en algunos rincones, bastante sucia. Pero tiene algo. Una personalidad muy fuerte, muy auténtica. De esas ciudades que no intentan agradarte… pero acaban haciéndolo.

Paseando por el centro de Nápoles

Gran parte del tiempo lo pasamos recorriendo el centro histórico. Calles estrechas llenas de vida, ropa tendida entre edificios, pequeños comercios y ese ambiente tan italiano que parece sacado de una película.

Uno de los lugares top es la elegante Galleria Umberto I, una galería espectacular con una gran cúpula de cristal y mosaicos en el suelo. El contraste con el bullicio de las calles cercanas es curioso: entras y de repente todo parece más tranquilo. Es muy parecida a la de Milán.


Muy cerca está el impresionante Castel Nuovo, con su enorme arco triunfal y sus torres que parecen sacadas de otra época. Es uno de esos edificios que te recuerdan lo histórica que es la ciudad.

Y, por supuesto, en Nápoles hay una figura que está presente en todas partes: Diego Maradona. Murales, camisetas, banderas… el culto es total. Incluso hay un famoso mural suyo en el barrio español que se ha convertido en parada obligatoria para fotos.

La famosa calle Spaccanapoli, que literalmente “parte” la ciudad en dos. Es una de las arterias más auténticas, llena de vida, tiendas, iglesias y ese caos tan napolitano.

Via San Gregorio Armeno, conocida por sus tiendas de belenes. Aquí no solo verás figuras tradicionales, sino también versiones de personajes actuales, futbolistas o políticos. Es bastante curioso.

La gran Catedral de Nápoles, dedicada a San Gennaro, el patrón de la ciudad. Es uno de los templos más importantes y siempre hay bastante ambiente alrededor.

La Basílica de Santa Chiara, con su claustro decorado con azulejos de colores. Es un remanso de paz dentro del caos de la ciudad.

Otro detalle curioso  es la figura de Pulcinella, un personaje tradicional de la commedia dell’arte que es todo un símbolo de Nápoles. Lo verás en tiendas de souvenirs, máscaras y figuras. Representa ese carácter napolitano un poco pícaro, irónico y despreocupado. Incluso hay una tradición que dice que tocar su nariz da buena suerte.


La Piazza del Plebiscito, una de las plazas más grandes de la ciudad, con edificios imponentes alrededor. Es un buen sitio para sentarte un rato y ver la vida pasar.

Y muy cerca, el Teatro di San Carlo, uno de los teatros de ópera más antiguos de Europa.

La tienda de “con mollica o senza”

Entre paseo y paseo encontramos una pequeña tienda curiosa donde te preguntaban si querías el bocadillo “con mollica o senza”. Básicamente, si lo querías con miga o sin miga. Una de esas cosas simples que te hacen gracia cuando estás viajando y que seguramente los locales ven de lo más normal. Verlo en directo, después de haberlo hecho mil veces en Tik Tok, me hizo gracia.


Pizza: dicen que la mejor del mundo...y la verdades que están muy buenas 🍕

Si hay algo que recordar de Nápoles, además del caos, es la comida. Y especialmente la pizza.

No es un tópico: las pizzas aquí son espectaculares. Masa fina pero esponjosa, bordes altos y ligeros, ingredientes sencillos y muchísimo sabor. Por cierto, la pasta también está muy buena.


Excursión a Pompeya

Uno de los días hicimos una excursión organizada a Pompeya reservada a través de GetYourGuide, y fue una gran idea hacerlo con guía.

Pompeya es impresionante. Caminar por sus calles es literalmente pasear por una ciudad romana congelada en el tiempo desde la erupción del Monte Vesubio en el año 79 d.C.

El guía iba explicando cómo era la vida allí: las casas, las termas, las tiendas, los frescos… incluso los moldes de algunas víctimas que quedaron atrapadas por la ceniza. Es de esos lugares que te hacen imaginar perfectamente cómo era la vida hace casi dos mil años.


Costa Amalfitana: Sorrento, Positano y Amalfi

Otro día hicimos otra excursión también con GetYourGuide por la espectacular Costa Amalfitana.

Primera parada: Sorrento. Una ciudad elegante, con vistas al mar y un ambiente muy agradable. Buen sitio para pasear y empezar a disfrutar del paisaje.



Pero la verdadera joya del día fue Positano.

Positano es simplemente preciosa. Casas de colores cayendo por la montaña hasta el mar, callejuelas llenas de tiendas y terrazas, y unas vistas increíbles desde prácticamente cualquier punto. Es uno de esos lugares que parece hecho para fotografiar.


La última parada fue Amalfi, con su famosa catedral dominando la plaza principal. Un pueblo pequeño pero con muchísimo encanto y muy animado.


Conclusión

Nápoles no es una ciudad perfecta. Es caótica, a veces un poco desordenada y puede que no tenga la imagen más cuidada de Italia.

Pero tiene algo muy especial: carácter. Historia, cultura, fútbol, comida increíble y algunos de los paisajes más bonitos del país a poca distancia.


miércoles, 7 de enero de 2026

Navidad en Perpiñán y alrededores: luces y pueblos tranquilos

 Estas Navidades nos hemos escapado a Perpiñán, una ciudad con ambiente mediterráneo y un toque francés muy particular. En general, es un destino agradable para un par de días, con rincones interesantes… y también alguna decepción.

Empezando por lo más llamativo: el Palacio de los Reyes de Mallorca. Nos defraudó un poco. La entrada es bastante cara para lo que ofrece y, además, el sitio está algo descuidado. No diré que no tiene encanto histórico, pero en conjunto nos dejó con la sensación de “para esto no hacía falta pagar tanto”.



En cambio, el Hôtel Pams fue una sorpresa maravillosa. Una casa modernista preciosa, súper bien conservada, con detalles artísticos por todas partes… ¡y encima es gratis! Totalmente recomendable.



Paseando por Perpiñán también se puede ver la Catedral de San Juan Bautista, el Castillet o simplemente perderse por el casco antiguo, que tiene calles estrechas y coloridas con ese aire fronterizo tan curioso. Eso sí, conviene recordar que en muchas zonas de Francia la vida va a otro ritmo: muchas tiendas y restaurantes cierran (a veces sin mucha explicación), y a ciertas horas cuesta encontrar dónde tomar algo.



Algo que sí nos encantó fue el mercado de Navidad. Muy bonito, con ambiente familiar y una iluminación chulísima. Perfecto para pasear un rato, tomarse un vino caliente, o simplemente para sacar fotos.



Sobre el aparcamiento: Perpiñán es prácticamente todo zona de pago. Por suerte la zona azul no es cara y solo funciona de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:00. Si vas fuera de esos horarios, aparcar no es problema.

Excursiones desde Perpiñán: Castelnou, Eus y Argelès-sur-Mer

Aprovechamos la escapada para visitar tres localidades cercanas:

  • Castelnou: uno de esos pueblos catalogados como “los más bonitos de Francia”. Calles medievales, casas de piedra y un castillo vigilándolo todo. En invierno está muy, muy tranquilo: bonito para pasear, pero prácticamente sin vida.



  • Eus: otro pueblo pintoresco subido en una colina, con vistas estupendas. También muy silencioso en esta época, perfecto si buscas calma total (o si quieres sentir que tienes el pueblo entero para ti).



  • Argelès-sur-Mer: más grande y costero. Evidentemente, en invierno el ambiente es prácticamente nulo, pero pasear por la playa con el Mediterráneo totalmente despejado tiene su encanto.



En todos estos pueblos el aparcamiento es gratuito en esta época, aunque nadie se molesta en indicarlo claramente. Simplemente aparcas y listo.

En resumen, Perpiñán y sus alrededores son una escapada interesante para Navidad: luces bonitas, pueblos tranquilos y algunos rincones con encanto. Eso sí, conviene ir mentalizado de que muchas cosas cierran y no siempre hay mucha actividad… pero quizás eso forma parte del encanto invernal del sur de Francia.

domingo, 27 de julio de 2025

Bali: entre volcanes, templos y mil motos

Cuando empezamos a planear este viaje a Bali, la cosa no pintaba del todo clara. Entre la erupción de un par de volcanes por la zona (que ya solo el nombre “volcán activo” impone) y la tensión internacional por el conflicto entre Israel e Irán, parecía que los planetas no estaban alineados para unas vacaciones tranquilas. Pero al final, nos lanzamos… ¡y qué suerte que lo hicimos!

Después de más de 20 horas de avión entre tránsitos, vuelos y esperas, por fin llegamos a este pequeño paraíso.

Para llegar a nuestro alojamiento habíamos contratado el traslado. También llevábamos algo de dinero en efectivo "por si acaso", y la tarjeta Revolut, con comisiones más bajas. 

Bienvenidos a la isla de las sonrisas

Desde el primer día, lo que más nos impactó fue la amabilidad de la gente. Toda la gente, en todas partes, siempre con una sonrisa y dispuesta a ayudarte. Aunque no todo el mundo habla inglés fluido, nos entendemos con gestos...y con el traductor de Google. Aprenderte alguna palabra de balinés, siempre viene bien. Les hace gracia que te esfuerces en decir "buenos días" o "dar las gracias" en su idioma.

La comida deliciosa, variada y muy, muy barata. Eso sí, prepárate para sudar un poco: lo del picante se lo toman en serio (aunque siempre puedes pedirlo “no spicy”, y suelen entenderlo).

Consejos y paradas top

El viaje lo dividimos en dos bases: Ubud (6 días), el corazón cultural y verde de la isla, y Nusa Dua (otros 6 días), para relax total y actividades acuáticas.

Ubud fue nuestro centro de operaciones para explorar templos, arrozales y cascadas. Visitamos el bosque de los monos (ojo con tus gafas o gorros, ¡los monos son unos profesionales del robo! ),

 los arrozales (en nuestro caso fuimos a unos más locales y nos explicaron el proceso de recogida del arroz),

También fuimos a las cascadas de Nung Nung, que son espectaculares, aunque prepárate para sudar bajando y subiendo esos 500 escalones, más o menos.

Un lugar curioso fue Goa Lawah, la famosa cueva de los murciélagos. Impresiona verlos ahí, colgados, mientras rezan al lado.


 También pasamos por Tirta Gangga (el llamado Palacio del Agua), superinstagrameable,


 y el imponente Pura Lempuyang, con sus puertas al cielo (aquí se hacen colas de más de 3 h para hacerse una foto, pero gracias a nuestro guía, la espera se redujo a 5 minutos, ya que otro guía le cedió un número más bajo). 

No podía faltar el Templo Madre de Besakih, el más importante de Bali, 

y una parada en el Mercado de Gianyar, ideal para probar comida local de verdad. Nosotros compramos unas galletas.  Ah, y no te pierdas el bosque de bambú y el pueblo de Penglipuran, súper tradicional y bonito.

 Todo precioso, aunque los trayectos son largos y con muuuuchas motos. Consejo: ármate de paciencia y si puedes, contrata un conductor local, o excursiones donde te facilitan todo. Nosotros hicimos cuatro con Civitatis muy recomendables.

Ya en Nusa Dua, el plan cambió a modo “relax total”. La zona es más tranquila, con resorts, buenas playas y opciones para deportes acuáticos. Nos dimos masajes (¡una maravilla!), hicimos snorkel (contratamos un chófer que nos llevó a la laguna azul y 7 horas más tarde nos volvió a llevar al hotel. Es una actividad que puedes realizar por tu cuenta. En la misma playa puedes alquilar el equipo de Snorkel)

y hasta moto de agua, que conseguí regateando con un local (porque sí, en Bali se regatea casi en todos lados).


 También vimos una danza tradicional balinesa con la temática del bien contra el mal, cenamos frente al mar en Jimbarán (el pescado fresco allí es otro nivel), y visitamos lugares como el templo de Uluwatu, en lo alto de un acantilado, y con monos un poco más agresivos que los de Ubud. En este templo se hace también otro tipo de danza, pero los largos tiempos de espera nos hizo descartarla.

También nos dimos un baño en la famosa playa de Padang-Padang (llena de influencers haciéndose fotos).

Algunos tips prácticos

  • Barato: Comer por poco dinero es fácil. Optamos por hacerlo en lugares con un buen aspecto. Los alojamientos también tienen muy buena relación calidad-precio.

  • Efectivo, por favor: Aunque hay cajeros y se acepta tarjeta en muchos sitios, en algunos templos o mercadillos necesitas cash.

  • Moverse lleva tiempo: Las distancias parecen cortas en el mapa, pero el tráfico y las motos lo complican. Paciencia y buen humor.

¿Y qué nos faltó?

Nos quedó bastante por explorar, como las islas Gili, Nusa Penida, o el norte de Bali, que es más salvaje y menos turístico. Pero como todo en esta vida, mejor dejarse algo para la próxima.

Conclusión: Bali nos sorprendió, nos enamoró y nos dio mucho más de lo que esperábamos. Volvemos con la maleta llena de recuerdos y  la barriga contenta.

Por cierto, han sido también dos semanas de descanso "runner". El intenso tráfico y el estado de las aceras y carreteras, tampoco lo hacen un lugar ideal para correr. 


domingo, 29 de junio de 2025

Dublín: Ciervos, cervezas y mucha lluvia.

Nuestra escapada a Dublín fue una de esas experiencias que se te quedan grabadas por lo variada que resulta. Entre alguna que otra "pinta", ciervos paseando  y excursiones que nos sacaron del país sin darnos cuenta. La ciudad nos sorprendió más de lo que esperábamos.


Lo que no te puedes perder (aunque no entres)

Sí, fuimos a la famosa fábrica Guinness… pero solo la vimos por fuera. ¿Por qué? Pues porque la entrada es muy cara y no somos tan fans como para eso, y además Dublín tiene mucho por visitar, así que  preferimos seguir explorando. Aun así, el edificio está bien y la zona industrial tiene su punto.

Como parada obligatoria, Temple Bar, el icono de todos los bares irlandeses. Lo visitamos, sacamos la foto de rigor, pero spoiler: no tomamos nada. Estaba hasta los topes. Consejo: si te apetece la foto, mejor ir a primera hora del día (sin gente), y si buscas ambiente más tranquilo para tomarte una pinta, hay mil bares menos turísticos. De hecho, toda la zona se llama Temple Bar. Está llena de pubs para beber o incluso comer algo. Eso sí, a precios "de Dublín", es decir, caros.

Ya que estábamos, también nos pasamos por algunos de los sitios “más de postal”, que la verdad, merecen mucho la pena:

Catedral de San Patricio: impresionante por fuera. No entramos porque estaba cerrada el día que fuimos. Eso sí, hay un jardincito alrededor perfecto para descansar un rato.


Christ Church Cathedral: otra catedral, sí, pero distinta. Tiene una cripta subterránea bastante curiosa y una historia larguísima detrás.Si te va la arquitectura medieval, no te la pierdas.


Trinity College y el Libro de Kells: el campus es precioso para pasear aunque no entres a ver la biblioteca (no entramos porque estaban de reformas y apenas se podía visitar una pequeña parte). Si no, al menos date una vuelta por los jardines.

Grafton Street: ideal para ver artistas callejeros, tiendas y el ambiente dublinés más animado. Aquí siempre hay algo pasando, desde un violinista a un mimo disfrazado de vikingo.
Molly Malone: la estatua más famosa de Dublín. La reconocerás enseguida por la canción y porque todo el mundo le está tocando el pecho (es como una especie de ritual turístico que por lo visto, en la actualidad, no hace mucha gracia ).


Phoenix Park y sus habitantes inesperados: Una de las cosas más surrealistas fue ver ciervos en medio del Phoenix Park. Vas pensando que es “solo” un parque (eso sí, enorme), y de repente te topas con un grupo de ciervos resguardados de la lluvia como si estuvieran en casa, porque básicamente…lo están. Recomendación: observa, haz fotos, pero no te acerques mucho ¡que no son perros!


Excursiones que valen totalmente la pena

Una de las mejores decisiones fue hacer excursiones con Civitatis. Reservamos dos tours de día completo que nos dejaron sin palabras.

Belfast y la Calzada del Gigante

Primero, nos fuimos a Belfast (sí, ¡otro país en el mismo viaje!) y luego a la Calzada del Gigante, que parece sacada de un videojuego o una peli de fantasía. Todo lleno de columnas de piedra tan perfectamente alineadas que cuesta creer que sea natural.

En Belfast primero nos hicieron una ruta panorámica en autocar, por la zona de murales, las principales zonas de conflicto del pasado, los astilleros donde se construyó el Titánic... Ya con tiempo libre dimos una vuelta para ver los monumentos más emblemáticos de la zona. Recomiendo ver el City Hall. 


Como todavía disponíamos de algo de tiempo aprovechamos para tomar la famosa Guiness en uno de los pubs más bonitos y conocidos de la ciudad, el Crown Liquor Saloon.  Unos locales se nos acercaron y, para nuestra sorpresa, ¡nos hablaron en español! Súper amables, súper simpáticos y un buen recordatorio de que los irlandeses tienen fama de hospitalarios por algo. 


Como "lado oscuro" os dejo un enlace con una explicación breve del conflicto que hubo (y que todavía se respira) en la zona durante décadas.


Cuando llegas a la Calzada del Gigante (Giant's Causeway), lo primero que piensas es: “¿Cómo es posible que esto sea natural?”. Son más de 40.000 columnas de piedra basáltica, perfectamente formadas, que encajan entre sí como si alguien las hubiera colocado a mano. Se formaron hace millones de años por una erupción volcánica, aunque la versión más divertida es la de la leyenda: un gigante irlandés llamado Finn construyó este camino para llegar hasta Escocia y pelearse con otro gigante. Al final, parece que hubo más susto que pelea, pero el camino quedó.

Pasear por encima de esas piedras es una experiencia única. Algunas son altas como taburetes, otras como escalones, y lo mejor es que puedes caminar sobre ellas libremente. Eso sí, si ha llovido (cosa que nos sucedió), ve con cuidado, que resbalan bastante. Y si puedes, ve con buen calzado y sin prisas, porque merece la pena quedarse un rato simplemente mirando el paisaje y escuchando las olas.


Acantilados de Moher y Galway

La segunda excursión fue a los impresionantes Acantilados de Moher y a Galway, una ciudad pequeñita pero llena de vida, con una calle principal muy bonita. La puedes ver en un par de horas.


 Lo de Moher fue increíble: viento, vistas de infarto, y un camino de poca distancia de ida y vuelta, que te hace detenerte cada 10 pasos para hacer una foto. Aprovechamos para comer allí, en una especie de gradas, el pícnic que llevábamos. Suerte que ese día no nos llovió. 


El tiempo en Dublín: llueve. Punto.

Dato importante para cualquier persona que se anime a visitar Dublín: llueve más de 280 días al año. Así que, por mucho que el cielo esté despejado por la mañana, lleva siempre una chaqueta impermeable o paraguas. Lo agradecerás. Lo bueno es que las lluvias suelen ser pasajeras, y justo después suele salir el sol. Otras veces... no.

Para los que no se saltan el cardio...

Si eres de los que mete las zapatillas de correr en la maleta, Dublín es perfecto para runners. Algunos sitios ideales:

  • Phoenix Park: además de grande, el aire es súper limpio, y correr entre ciervos tiene su encanto.

  • St. Stephen’s Green: más céntrico, con un ambiente más urbano pero muy verde. Eso sí, si te gusta hacer muchos km darás más vueltas que un hamster, ya que es relativamente pequeño.

  • Lado del río Liffey: ideal si te gusta trotar con vistas y ver cómo se despierta la ciudad.

  • Grand Canal Dock: una zona más moderna, perfecta para una carrera tranquila con vistas al agua.

Conclusión: Dublín es una ciudad muy viva,  un poco de caos, y ese encanto que mezcla lo moderno con lo tradicional. Aunque no entres a todas las atracciones ni tomes todas las pintas que te gustaría, es imposible no disfrutarla. Y si encima te lanzas a explorar un poco más allá, Irlanda te regala paisajes que no se te olvidarán jamás.