miércoles, 29 de abril de 2026

Almería, el "patito feo" de Andalucía

 Siempre había oído que la ciudad de Almería no tenía mucho para ver, pero, aun sin ser comparable a alguna de sus hermanas, como Granada o Sevilla, guarda cierto encanto. Pero vayamos por partes.

Este viaje a Almería no fue del tirón, porque decidimos hacerlo con calma y aprovechar para descubrir sitios por el camino. La primera parada fue en Xàtiva, donde hicimos noche antes de seguir bajando.

Xàtiva es una ciudad bonita, muy marcada por su historia y con ese aire tranquilo que apetece para una parada. Su castillo es lo más famoso, pero tuvimos mala suerte porque era lunes… y los lunes no abre. Aun así, no nos quedamos con las ganas del todo: subimos a medio camino y encontramos un mirador desde donde hay unas vistas muy chulas tanto del castillo como de toda la ciudad. La verdad es que merece la pena aunque no llegues arriba.

Llegada a Almería

Ya en Almería, nos encontramos una ciudad con bastante ambiente, sobre todo porque coincidimos con Semana Santa. Había procesiones, gente en la calle y bastante movimiento, lo que siempre le da un plus al viaje.



Entre lo más destacado que vimos:

  • La Catedral de Almería, que es bastante curiosa porque parece más una fortaleza que una catedral.

  • El Cable Inglés, una estructura metálica junto al mar con bastante rollo industrial, aunque hoy en día se conserva con fines turísticos.


  • La Rambla, ideal para pasear tranquilamente, con sus fuentes y "mini parques".


  • La Alcazaba de Almería, que además es gratis. Es enorme y tiene unas vistas brutales de la ciudad y del puerto.


  • Y también varias iglesias bonitas repartidas por el centro, que fuimos encontrando casi sin buscarlas.

Cabo de Gata: playas espectaculares

Uno de los platos fuertes del viaje fue recorrer el Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar. Cada playa tiene su personalidad, pero todas comparten ese aire salvaje y natural, difícil de encontrar por España.

  • Playa de Mónsul: probablemente la más famosa. Arena volcánica, roca en medio… muy fotogénica.



  • Playa de los Genoveses: más amplia y tranquila, perfecta para pasear.
  • El Playazo de Rodalquilar: con un castillo al lado que le da un toque especial.
  • Isleta del Moro: pequeñito, con mucho encanto y muy auténtico.



  • Las Negras: más animado, con bares y ambiente relajado.

También pasamos por Rodalquilar, un antiguo pueblo minero , y visitamos su jardín botánico, que está bastante bien para dar un paseo diferente entre tanta playa.

Otros pueblos y visitas

Después fuimos a Níjar, un pueblo típico andaluz con calles blancas, cuestas y bastante artesanía local. Muy agradable para dar una vuelta sin prisas.



Otro día tocó plan distinto: visita a Fort Bravo, un poblado del oeste en pleno desierto de Tabernas. Es bastante curioso, como meterte en una peli de vaqueros (de hecho tuve un papel secundario,ya que cogen a una persona del público como parte de la trama de uno de sus espectáculos e interactúan con él). Con la entrada tienes incluidos dos funciones (muy entretenidas) y un paseo en carro, lo cual le da bastante gracia a la visita.



También nos acercamos a Berja. Es un pueblo bonito, pero sinceramente, bajo mi punto de vista, no compensa del todo porque implica hacer bastantes kilómetros para lo poco que hay que ver.



Eso sí, el trayecto de vuelta hacia Almería fue curioso porque pasamos por el llamado “mar de plástico”, una extensión enorme de invernaderos que no deja indiferente.

Última parada: Bocairent

De vuelta a casa hicimos noche en Bocairent, un pueblo pintoresco, con calles estrechas, casas encajadas en la roca y un aire muy especial. Además, coincidimos con un mercado modernista, así que había aún más ambiente de lo normal.


Bonus runner 

Como no podía ser de otra manera, también hubo tiempo para salir a correr:

  • En Xàtiva madrugué bastante, pero al final acabé dando vueltas por un polígono industrial… no fue la ruta más épica del viaje.
  • En Almería, en cambio, mucho mejor: correr por el paseo marítimo al amanecer es otro nivel. Mucho más bonito y agradable.

En resumen, un viaje muy completo: ciudad, historia, playas espectaculares y algún que otro plan diferente. De esos que te dejan con ganas de repetir.

sábado, 21 de marzo de 2026

Nápoles: caos, pizzas y Maradona

 A veces los viajes empiezan con un poco de emoción… aunque no siempre de la buena. Nuestro viaje a Nápoles comenzó con alerta por viento en el aeropuerto y durante un rato parecía que el avión no iba a despegar. Al final salimos, pero los primeros minutos fueron moviditos: bastantes turbulencias y alguna mirada nerviosa entre los pasajeros. Por suerte, después de ese inicio algo intenso, el resto del viaje fue mucho más tranquilo.

Y al aterrizar… bienvenida a Nápoles.

La primera impresión de la ciudad puede ser un poco chocante. Es caótica, ruidosa, con motos pasando por todos lados y, en algunos rincones, bastante sucia. Pero tiene algo. Una personalidad muy fuerte, muy auténtica. De esas ciudades que no intentan agradarte… pero acaban haciéndolo.

Paseando por el centro de Nápoles

Gran parte del tiempo lo pasamos recorriendo el centro histórico. Calles estrechas llenas de vida, ropa tendida entre edificios, pequeños comercios y ese ambiente tan italiano que parece sacado de una película.

Uno de los lugares top es la elegante Galleria Umberto I, una galería espectacular con una gran cúpula de cristal y mosaicos en el suelo. El contraste con el bullicio de las calles cercanas es curioso: entras y de repente todo parece más tranquilo. Es muy parecida a la de Milán.


Muy cerca está el impresionante Castel Nuovo, con su enorme arco triunfal y sus torres que parecen sacadas de otra época. Es uno de esos edificios que te recuerdan lo histórica que es la ciudad.

Y, por supuesto, en Nápoles hay una figura que está presente en todas partes: Diego Maradona. Murales, camisetas, banderas… el culto es total. Incluso hay un famoso mural suyo en el barrio español que se ha convertido en parada obligatoria para fotos.

La famosa calle Spaccanapoli, que literalmente “parte” la ciudad en dos. Es una de las arterias más auténticas, llena de vida, tiendas, iglesias y ese caos tan napolitano.

Via San Gregorio Armeno, conocida por sus tiendas de belenes. Aquí no solo verás figuras tradicionales, sino también versiones de personajes actuales, futbolistas o políticos. Es bastante curioso.

La gran Catedral de Nápoles, dedicada a San Gennaro, el patrón de la ciudad. Es uno de los templos más importantes y siempre hay bastante ambiente alrededor.

La Basílica de Santa Chiara, con su claustro decorado con azulejos de colores. Es un remanso de paz dentro del caos de la ciudad.

Otro detalle curioso  es la figura de Pulcinella, un personaje tradicional de la commedia dell’arte que es todo un símbolo de Nápoles. Lo verás en tiendas de souvenirs, máscaras y figuras. Representa ese carácter napolitano un poco pícaro, irónico y despreocupado. Incluso hay una tradición que dice que tocar su nariz da buena suerte.


La Piazza del Plebiscito, una de las plazas más grandes de la ciudad, con edificios imponentes alrededor. Es un buen sitio para sentarte un rato y ver la vida pasar.

Y muy cerca, el Teatro di San Carlo, uno de los teatros de ópera más antiguos de Europa.

La tienda de “con mollica o senza”

Entre paseo y paseo encontramos una pequeña tienda curiosa donde te preguntaban si querías el bocadillo “con mollica o senza”. Básicamente, si lo querías con miga o sin miga. Una de esas cosas simples que te hacen gracia cuando estás viajando y que seguramente los locales ven de lo más normal. Verlo en directo, después de haberlo hecho mil veces en Tik Tok, me hizo gracia.


Pizza: dicen que la mejor del mundo...y la verdades que están muy buenas 🍕

Si hay algo que recordar de Nápoles, además del caos, es la comida. Y especialmente la pizza.

No es un tópico: las pizzas aquí son espectaculares. Masa fina pero esponjosa, bordes altos y ligeros, ingredientes sencillos y muchísimo sabor. Por cierto, la pasta también está muy buena.


Excursión a Pompeya

Uno de los días hicimos una excursión organizada a Pompeya reservada a través de GetYourGuide, y fue una gran idea hacerlo con guía.

Pompeya es impresionante. Caminar por sus calles es literalmente pasear por una ciudad romana congelada en el tiempo desde la erupción del Monte Vesubio en el año 79 d.C.

El guía iba explicando cómo era la vida allí: las casas, las termas, las tiendas, los frescos… incluso los moldes de algunas víctimas que quedaron atrapadas por la ceniza. Es de esos lugares que te hacen imaginar perfectamente cómo era la vida hace casi dos mil años.


Costa Amalfitana: Sorrento, Positano y Amalfi

Otro día hicimos otra excursión también con GetYourGuide por la espectacular Costa Amalfitana.

Primera parada: Sorrento. Una ciudad elegante, con vistas al mar y un ambiente muy agradable. Buen sitio para pasear y empezar a disfrutar del paisaje.



Pero la verdadera joya del día fue Positano.

Positano es simplemente preciosa. Casas de colores cayendo por la montaña hasta el mar, callejuelas llenas de tiendas y terrazas, y unas vistas increíbles desde prácticamente cualquier punto. Es uno de esos lugares que parece hecho para fotografiar.


La última parada fue Amalfi, con su famosa catedral dominando la plaza principal. Un pueblo pequeño pero con muchísimo encanto y muy animado.


Conclusión

Nápoles no es una ciudad perfecta. Es caótica, a veces un poco desordenada y puede que no tenga la imagen más cuidada de Italia.

Pero tiene algo muy especial: carácter. Historia, cultura, fútbol, comida increíble y algunos de los paisajes más bonitos del país a poca distancia.


miércoles, 7 de enero de 2026

Navidad en Perpiñán y alrededores: luces y pueblos tranquilos

 Estas Navidades nos hemos escapado a Perpiñán, una ciudad con ambiente mediterráneo y un toque francés muy particular. En general, es un destino agradable para un par de días, con rincones interesantes… y también alguna decepción.

Empezando por lo más llamativo: el Palacio de los Reyes de Mallorca. Nos defraudó un poco. La entrada es bastante cara para lo que ofrece y, además, el sitio está algo descuidado. No diré que no tiene encanto histórico, pero en conjunto nos dejó con la sensación de “para esto no hacía falta pagar tanto”.



En cambio, el Hôtel Pams fue una sorpresa maravillosa. Una casa modernista preciosa, súper bien conservada, con detalles artísticos por todas partes… ¡y encima es gratis! Totalmente recomendable.



Paseando por Perpiñán también se puede ver la Catedral de San Juan Bautista, el Castillet o simplemente perderse por el casco antiguo, que tiene calles estrechas y coloridas con ese aire fronterizo tan curioso. Eso sí, conviene recordar que en muchas zonas de Francia la vida va a otro ritmo: muchas tiendas y restaurantes cierran (a veces sin mucha explicación), y a ciertas horas cuesta encontrar dónde tomar algo.



Algo que sí nos encantó fue el mercado de Navidad. Muy bonito, con ambiente familiar y una iluminación chulísima. Perfecto para pasear un rato, tomarse un vino caliente, o simplemente para sacar fotos.



Sobre el aparcamiento: Perpiñán es prácticamente todo zona de pago. Por suerte la zona azul no es cara y solo funciona de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:00. Si vas fuera de esos horarios, aparcar no es problema.

Excursiones desde Perpiñán: Castelnou, Eus y Argelès-sur-Mer

Aprovechamos la escapada para visitar tres localidades cercanas:

  • Castelnou: uno de esos pueblos catalogados como “los más bonitos de Francia”. Calles medievales, casas de piedra y un castillo vigilándolo todo. En invierno está muy, muy tranquilo: bonito para pasear, pero prácticamente sin vida.



  • Eus: otro pueblo pintoresco subido en una colina, con vistas estupendas. También muy silencioso en esta época, perfecto si buscas calma total (o si quieres sentir que tienes el pueblo entero para ti).



  • Argelès-sur-Mer: más grande y costero. Evidentemente, en invierno el ambiente es prácticamente nulo, pero pasear por la playa con el Mediterráneo totalmente despejado tiene su encanto.



En todos estos pueblos el aparcamiento es gratuito en esta época, aunque nadie se molesta en indicarlo claramente. Simplemente aparcas y listo.

En resumen, Perpiñán y sus alrededores son una escapada interesante para Navidad: luces bonitas, pueblos tranquilos y algunos rincones con encanto. Eso sí, conviene ir mentalizado de que muchas cosas cierran y no siempre hay mucha actividad… pero quizás eso forma parte del encanto invernal del sur de Francia.