Hay viajes que se recuerdan por los lugares que visitas y otros por la forma en que los vives. Nuestro viaje por Finlandia ha sido un poco de las dos cosas. Durante unos días nos instalamos en la región de los mil lagos, cerca de Savonlinna, y después dedicamos tres días a conocer Helsinki y sus alrededores.
Si tuviera que resumir el viaje en una palabra, probablemente sería tranquilidad. Carreteras prácticamente vacías, bosques interminables, lagos por todas partes y una naturaleza que parece estar siempre presente. Y, sobre todo, una cabaña junto al lago Saimaa que terminó convirtiéndose en una parte fundamental del viaje.
Viajar en coche por Finlandia
Alquilar un coche fue, sin duda, una de las mejores decisiones. En esta zona de Finlandia tener coche da una libertad enorme para desplazarse entre lagos, bosques, pequeños pueblos y parques naturales.
Además, hay algo que facilita muchísimo los desplazamientos: se puede aparcar gratis cerca de prácticamente todos los lugares que visitamos. En rutas, miradores, pueblos o zonas naturales no tuvimos los problemas habituales de aparcamiento que encontramos en otros destinos turísticos.
Y tampoco hay que preocuparse por los peajes: en Finlandia no hay autopistas de peaje. Esto hace que moverse por el país resulte sencillo y bastante cómodo.
Eso sí, hay un pequeño inconveniente: la gasolina es considerablemente más cara que en España. Es uno de los gastos que hay que tener en cuenta si se plantea un viaje en coche.
Pero conducir por Finlandia tiene una recompensa que va mucho más allá de llegar de un sitio a otro. Las propias carreteras son un atractivo turístico. Kilómetros y kilómetros entre bosques, lagos y pequeñas poblaciones, con muy poco tráfico. A veces el recorrido era tan bonito como el destino.
Y esa sensación de conducir sin prisas, rodeados de naturaleza, es una de las imágenes que me llevo del viaje.
El clima: Finlandia en verano no significa calor
Viajamos en pleno verano, pero las temperaturas estuvieron muy lejos de las que podemos encontrar en España durante estas fechas.
Nos movimos alrededor de los 20 grados o incluso por debajo, dependiendo del día. Tuvimos también unos cuantos días de lluvia, algo que no llegó a condicionarnos demasiado porque el tiempo cambiaba con bastante rapidez.
Para nosotros fue incluso agradable. Poder caminar y hacer excursiones sin el calor intenso del verano español es una ventaja enorme, especialmente cuando se trata de recorrer parques naturales.
Eso sí, el tiempo hay que tenerlo en cuenta para organizar las actividades. En Finlandia puede aparecer la lluvia en cualquier momento y conviene estar preparado.
Una cabaña junto al lago Saimaa
Normalmente no suelo hablar demasiado de los alojamientos cuando escribo sobre nuestros viajes. Esta vez, sin embargo, tengo que hacer una excepción.
El alojamiento era uno de los motivos de la visita a Finlandia.
Nos alojamos en una cabaña situada junto al lago Saimaa, uno de los grandes protagonistas de esta región. Y no era simplemente un lugar donde dormir: era parte de la experiencia.
La cabaña tenía sauna, bote de remos y tablas de paddle surf, además del acceso directo al lago.
Una de las cosas que más nos gustó fue precisamente poder utilizar el lago como si fuera nuestro propio espacio de ocio. Salir en el bote de remos, recorrer tranquilamente la orilla o coger las tablas de paddle surf y alejarnos un poco de la cabaña.
El agua estaba muy tranquila y el entorno invitaba a pasar horas allí. No hacía falta buscar ninguna actividad organizada: el propio lago era la actividad.
Y había otro momento especialmente agradable: la sauna. Después de pasar el día haciendo excursiones, volver a la cabaña, entrar en la sauna y terminar con un baño en el lago era una experiencia muy finlandesa.
De hecho, cada tarde acabábamos regresando a la cabaña. Después de las excursiones, no necesitábamos hacer más turismo. Un rato de paddle surf, un paseo en el bote, la sauna, contemplar el lago... y simplemente disfrutar.
Creo que esa combinación de naturaleza y tranquilidad fue una de las grandes sorpresas del viaje.
Savonlinna: el corazón de la región
Nuestra base estaba cerca de Savonlinna, una de las localidades más conocidas de la región de los mil lagos.
Savonlinna está construida alrededor del agua y tiene como gran protagonista el castillo de Olavinlinna, una fortaleza medieval situada sobre una pequeña isla.
La ciudad es agradable para pasear, especialmente por la zona del puerto, donde se entiende perfectamente la relación de Savonlinna con los lagos.
No es una ciudad enorme. Su atractivo está precisamente en su tamaño, su ubicación y en la posibilidad de combinar la visita urbana con la naturaleza que la rodea.
Como curiosidad, decir que hay que estar muy atento ya que, en distintas zonas de la ciudad, puedes encontrar casas de pájaro nivel Top. Sobre todo en el cementerio de la ciudad (merece la pena visitarlo).
Parque Nacional de Linnansaari
Uno de los días lo dedicamos al Parque Nacional de Linnansaari, un lugar especialmente representativo del paisaje de esta zona de Finlandia.
Llegar hasta Linnansaari ya forma parte de la experiencia, porque buena parte del parque está formado por islas y solo se puede disfrutar plenamente desde el agua. Llegas a la isla en una lancha rápida que se coge en Oravi.
Una vez allí hicimos una ruta circular, caminando entre bosques y zonas rocosas, con diferentes puntos desde los que contemplar el enorme paisaje lacustre.
Es uno de esos lugares donde no hace falta que haya un monumento cada pocos metros. El atractivo está en caminar por un entorno prácticamente intacto y encontrarte continuamente con el agua entre los árboles.
Punkaharju: una carretera entre lagos
Otra de las excursiones nos llevó hasta Punkaharju, una de las zonas más famosas de la región de los mil lagos.
Punkaharju es conocida por su espectacular cresta natural, una estrecha formación de tierra rodeada de agua y cubierta de bosques.
Aquí volvimos a comprobar que en Finlandia el propio desplazamiento puede convertirse en parte del viaje. Conducir por esta zona, entre lagos a ambos lados y bosques, es una experiencia que cuesta explicar con fotografías.
Además de recorrer la zona en coche, hicimos una ruta a pie para disfrutar con más calma del paisaje.
Kerimäki y el lago Puruvesi
En uno de los recorridos aprovechamos para acercarnos a Kerimäki, conocida principalmente por su enorme iglesia de madera.
La visita a Kerimäki la combinamos con una parada en el lago Puruvesi, otro de los grandes lagos de la región. Aquí encontramos una playa de arena dorada y fina.
Y aquí vuelve a aparecer una constante del viaje: agua, bosques y silencio. Después de haber visitado varios lagos, uno podría pensar que todos acabarán pareciendo iguales, pero cada zona tiene su propia personalidad.
Porvoo: de camino a Helsinki
Después de unos días en la región de los mil lagos nos desplazamos hacia Helsinki, donde pasamos tres días.
De camino a la ciudad visitamos Porvoo, una de las localidades históricas más bonitas de Finlandia y una excursión perfecta desde Helsinki.
Su casco antiguo, con las casas de madera, las calles empedradas y las famosas construcciones rojas junto al río, tiene un ambiente completamente diferente al de Helsinki.
Es una ciudad para pasear sin demasiada planificación, entrar en alguna tienda, tomar algo y disfrutar del ambiente.
Helsinki
Los últimos tres días del viaje los dedicamos a Helsinki.
Helsinki nos pareció una ciudad cómoda y muy fácil de recorrer. Tiene ese equilibrio entre ciudad moderna, arquitectura, espacios verdes y una relación constante con el mar.
Visitamos algunos de sus lugares más conocidos, paseamos por el centro y, por supuesto, dedicamos tiempo a sus mercados.
Y allí llegó una de las experiencias gastronómicas que teníamos ganas de probar: comimos reno en el antiguo mercado cubierto de Helsinki. Es uno de esos platos que forman parte de la gastronomía local y que tenía todo el sentido probar estando en Finlandia.
Alguno de los lugares "de foto" que puedes visitar son:
La Plaza del Senado y la Catedral de Helsinki son probablemente la imagen más reconocible de la ciudad. La plaza está rodeada de edificios neoclásicos y está presidida por la enorme catedral blanca, situada en lo alto de una escalinata. Es uno de los lugares imprescindibles para una primera visita a Helsinki.
Muy cerca se encuentra la Catedral Ortodoxa de Uspenski, fácilmente reconocible por sus cúpulas doradas y su arquitectura de influencia rusa. Está situada sobre una pequeña colina y desde sus alrededores se tienen buenas vistas del puerto.
Una visita curiosa es Temppeliaukio, la conocida iglesia excavada directamente en la roca. El interior es muy diferente de las iglesias tradicionales y la propia roca forma parte de la arquitectura. Es uno de los lugares que más sorprenden de Helsinki.
Esplanadi, en pleno centro, es otro de los lugares habituales para pasear. Es un amplio paseo ajardinado que conecta la zona del mercado con las calles comerciales del centro y que, especialmente en verano, tiene bastante ambiente.
Suomenlinna, una isla frente a Helsinki
También reservamos tiempo para visitar Suomenlinna, la fortaleza construida sobre varias islas frente a Helsinki.
Se llega en ferry desde Helsinki y el trayecto es corto, pero parece que en pocos minutos cambias completamente de escenario.
La fortaleza, los caminos, las antiguas construcciones militares y, sobre todo, su ubicación junto al mar hacen que la visita sea diferente a la del centro de la ciudad.
Es uno de esos lugares que merece la pena visitar sin prisas, simplemente caminando por la isla.
Y no podía dejar de mencionar el capítulo runner del viaje. Salir por la región de los 1000 lagos es una buena experiencia ya que, depende de donde te alojes, tienes cerca algún sendero, algún carril bici, o incluso alguna carretera poco transitada. En Helsinki opté por ir a uno de sus parques (hay varios), dar una vuelta completa a un lago, luego dirigirme a la playa...y vuelta al hotel.
Un viaje diferente
Después de unos días por Finlandia, lo que más nos ha quedado no es solamente una lista de lugares visitados.
Es la sensación de haber vivido el país de una manera diferente.
El coche nos permitió movernos con total libertad. Las carreteras nos llevaron entre bosques y lagos. Las rutas nos acercaron a lugares como Linnansaari y Punkaharju. Savonlinna y Helsinki nos enseñaron otra cara del país. Y la cabaña junto al Saimaa nos permitió hacer algo que cada vez cuesta más encontrar en un viaje: parar.
Cada tarde volvíamos al mismo lugar. No había nada más que hacer y, precisamente por eso, había mucho que hacer.
Un paseo en el bote de remos. Un rato de paddle surf. Un baño en el lago. La sauna. Sentarse frente al agua.
Y al día siguiente, volver a coger el coche y descubrir otro lago, otro bosque o algún pequeño rincón de Finlandia.
Quizás esa sea la mejor manera de entender la región de los mil lagos: no se trata solamente de visitar lugares, sino de disfrutar del paisaje que los une.
Y eso, más que cualquier monumento, es lo que nos llevamos de nuestra segunda visita a Finlandia.


















